¿Cuando empezó la opresión sobre las mujeres? ¿Porque esa opresión es globalizada?
¿Es posible contestar a esas preguntas de forma coherente? ¿Existen posibles respuestas?
Esas preguntas me levan a pensar que la opresión sobre las mujeres siempre existió. Pero, me recuso a creer que algo así pueda no haber un inicio. Se afirmo que esa opresión siempre hubo, es lo mismo que decir que ella es natural, que está en la naturaleza de las relaciones entre hombres y mujeres haber una desigualdad en que siempre el primero domina el segundo.
Así me convenzo de que existe un inicio. Un inicio remoto. Un tiempo que no existía la historia. Que no existía la división del trabajo. Imagino comunidades que ni si quier tiene la consciencia de diferencia un hombre de una mujer. El ato sexual no tiene sexo, es colectivo o de dupla, sean entre hombres, mujeres, o entre mujeres y hombres. Por eso, tampoco existe la consciencia de que solamente el colectivo de mujeres tiene la capacidad de procrear, generar seres como eles mismos. Esas comunidades son colectoras, todos hacen los mismos trabajos, incluso del cuidado con las niñas y niños.
A través de la capacidad humana de aprender, acumular conocimiento, reflexionar y planificar la acción, las comunidades desarrollan estrategias para producir alimentos. Construyen herramientas de caza que a los pocos van avanzando y se especializando. Ahí, inicia una especie de división del trabajo, pero no del sexo.
Cuando digo “a los pocos”, me refiero a un proceso histórico social que lleva muchos años.
Una cosa interesante de pensar es cuando la procreación deja de ser un simple acontecimiento mágico y se torna una producción social. Cuando la procreación pasa a tener un valor social para la comunidad, para la sobrevivencia de la misma. En ese momento debe ser el que se tiene la consciencia de que un grupo, las mujeres, tiene la capacidad reproductiva y los hombres no. Pensando por ahí, las mujeres estarían con una ventaje en relación a los hombres.
Bien, entonces ya estamos en una sociedad un poco más desarrollada que se especializa en la producción de alimentos, o sea, la caza, ya que la agricultura viene mucho después. Entonces, pensemos: las mujeres procrean, y los hombres, en su mayoría, tienen la disponibilidad de cazar y de se especializar en eso más que las mujeres. Para cazar se desarrolla también el físico. Así, los hombres entran en la tendencia de ser más fuertes y a tener el control sobre las armas de caza. Hasta ahí, todo está bien. El problema está cuando la caza económicamente más productiva, ya que un animal genera más alimento que la coleta, gana un valor mayor que la coleta, y se especializa cada vez más, encuanto la coleta se mantiene por mucho más tiempo en la misma. Al mismo tiempo, también por un proceso lento y continuo, las mujeres se quedan en el ámbito de la coleta y los hombres se especializando en la caza. Empezamos, entonces, a configurar una división sexual del trabajo y a jerarquízala.
Con esas ideas tengo más clara la construcción social de las desigualdades entre hombres y mujeres. Una construcción hecha por mujeres y hombres de muchas generaciones que producían y reproducían relaciones sociales más complexa y jerárquicas en que las mujeres acabaron por perder, y ser interiorizadas y dominadas.
No quiero justificar aquí la dominación de las mujeres. Quiero, simplemente, encontrar una salida para la opresión que, nosotras, mujeres sufrimos y responder aquellas personas que creen que la mujer es inferior al hombre porque siempre fue así y siempre lo será.
La mejor forma que encontré, hasta ahora, es de percibir como la sociedad se construye y reconstruye. Por lo tanto, que puede cambiar. Es en ese “cambiar” que me agarro con todas las mías fuerzas para conseguir vivir en esa sociedad caótica y opresora.